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El Magazine de la comunidad Hispana

Mejorarnos Nosotros Mismos

Mucho ha cambiado América en el último siglo. La que fuera la última reserva espiritual del mundo ha ido naufragando a la deriva en busca de algo parecido a la fe. En la actualidad las creencias más asentadas están en entredicho, y nadamos en un claroscuro a la espera de algo que nos vuelva a iluminar. Las viejas tradiciones siempre vuelven, y hay un acusado repunte sobre todo en los países nórdicos de los ritos paganos. Para el pagano Dios está fuera, mientras que para el cristiano Dios mora en cada uno de nosotros.

 

También hemos empezado a importar nuevas formas de espiritualidad basadas en el budismo. Estos cambios se están introduciendo de forma paulatina en nuestras vidas y ha dado lugar a una forma muy particular de entender la espiritualidad, más heterogénea, en contraposición a la imposición anterior de una hegemonía imperante. Todos necesitamos un motor que vertebre nuestra realidad, nuestra finalidad como seres humanos sintientes y conscientes. Todos los cuerpos vibran, y saber atender a esas vibraciones forma parte de la nueva espiritualidad. La nueva década, muy ligada a la individualidad y diferenciación, tratará de asentarse en una espiritualidad basada en el autoconocimiento pragmático como canalización de nuestro yo interior. La autosatisfacción como camino a la felicidad no tiene sentido si no es desde el peregrinaje. Se hace camino al andar que diría aquel. La divergencia de los caminos es uno de los principales monstruos actuales, creador de ansiedades y miedos infundados. Para poder sortear estos obstáculos, estas trampas mentales, tenemos que mirar dentro de nosotros mismos, elevarnos por encima de nuestra consciencia, y observarnos como alguien ajeno a nosotros.


Diluir el ego, ese es el eje principal sobre el que gira la nueva espiritualidad. Solo así podremos relacionarnos de forma saludable con nosotros mismos y con nuestros semejantes. Estamos inmersos en un proceso de cambio constante, la vida es, también, movimiento, no quedarse estancado en aguas mansas para capear la tormenta es algo que estimula nuestros sentidos y nos mantiene vivos. Vivir con oportuna alegría, proyectando nuestro espíritu, desnudándonos ante los demás para que puedan imbuirse de nuestra gracia. Porque todo es, además de una forma de mejorarnos a nosotros mismos, también, una forma de mejorar a los demás. Comprender que somos seres vivos que deben convivir en perfecta armonía y simbiosis los unos con los otros para alcanzar el grado máximo, que no es otra cosa que la paz interior.

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