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Luis Fernando Espinosa: Restaurador de arte

Luis Fernando Espinosa Ramos nace como artista plástico a muy corta edad, cuando empezó a pintar de niño en Ibagué, su ciudad natal. Durante el bachillerato practicó el muralismo y, desde que cursó sus estudios en la Universidad de Bellas Artes de Tolima, no ha parado de crecer profesionalmente; primero

como pintor y, más adelante, como restaurador de obras religiosas, principalmente esculturas.

 

Padre de familia

Espinosa no es solo artista, sino también padre de familia numerosa, con tres hijos varones. Lleva un año residiendo en Estados Unidos, a donde llegó como invitado a una exposición en Manhattan y el ánimo de internacionalizar su obra. En Nueva York conoció al párroco de la Iglesia de Santa Teresa de Ávila, en la villa de Sleepy Hollow, y actualmente trabaja allí, en la restauración de varias obras de temática religiosa. “El Padre Peralta necesitaba hacer unas restauraciones básicas y comenzamos el proceso. Con unos amigos, decidimos empezar una brigada para la restauración de las obras que tanto valor artístico, moral y religioso tienen”.  El artista nos confiesa no ser muy amante del tema religioso, pero declara tener un “respeto absoluto” por las obras en las que trabaja “y no solo por el tema artístico, sino por lo que representan para la comunidad católica”. Fue precisamente en este ámbito en donde Espinosa Ramos detectó una necesidad, el “desgaste” que sufren las imágenes sin que nadie se ocupe de solventarlo, y decidió especializarse en su conservación y restauración.

 

 

Con marca propia

Aunque se considera parte del Arte Contemporáneo, con preferencia por el Hiperrealismo, en un campo en el que debe primar el máximo respeto a la impronta original, Espinosa reconoce tener una marca propia en sus retoques, difícil de copiar por cualquier otro artista. En el proceso de restauración, en cambio, insiste sobre el máximo respeto que se debe guardar hacia el autor original, sus colores y sus especiales texturas, en obras que a veces acumulan cientos de años. Y si algo caracteriza al proceso de restauración es la forma de afrontarlo. “Es un proceso casi íntimo. Cada artista lo maneja de una manera personal”. Respecto a la investigación previa, Espinosa considera que la elaboración de una obra de arte no tiene fin; sin embargo, asume también que en su oficio las fechas son importantes, con un límite máximo de dos meses por obra.

 

 

“La alegría es permanente en el arte”

Nuestro restaurador afirma vivir en un estado diario de alegría y, en especial, al terminar una obra. “La felicidad de un cliente cuando ve su obra realizada” y, en concreto, cuando ésta se encuadra dentro de la temática religiosa. “Es ver como el sentido de la fe se desarrolla”.

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