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¿Hijo, estás Fumado?

Por Andrés López
Es oscuro, si es oscuro y por momentos me siento en un encierro que apenas da espacio a mi respiración, me encuentro en un lugar tan frío, tan solo, tan angustiado. Es infame tener que sentirme de esta manera cuando apenas hace unos días era yo quien decidía si huir o no del sol que quemaba las mejillas de mi cara. Siento frío, siento la ausencia de no sé qué, siento mucha soledad y de verdad no me hallo en este lugar. Es raro, es muy raro porque es el mismo lugar de siempre, pero me siento diferente, siento que todo me exige estar quieto, inmóvil, estático. Así fue como desperté una de tantas mañanas en la casa que me vio nacer y crecer mi primera barba, un sueño aterrador, pero al mismo tiempo como avisador de algo que yo aun no comprendía, y es que yo sé, por cosas que he leído por ahí, que la mente le habla a uno. 

Fue en ese momento en que exigido por el agobio del encierro, la jarta presencia de mis padres, los gritos de mi hermano menor y la obligada orden impuesta por todos los integrantes de esta casa incluido yo, de no hacer visitas a la nevera que me llamaba para arrancarle de las entrañas un pequeño trozo de esa torta de supermercado que ya tenía diez días y debía durar quince. Encendí la tele y pasadas unas horas de silenciosa muerte resumida en pérdida de tiempo, mirando la hora, las redes sociales que poco decían con sus innumerables postales copiadas dedicadas a la vida con una palabra de más o de menos, ya agotado de tanto no hacer nada. Me puse a recordar mi sueño, aunque no logrando mayores respuestas de aquel extraño episodio. Me dije a mi mismo; si alguna señal habrá; pues que me la repita, y continúe con la estresante tarea de seguir frente al televisor. 

Se sentó mi padre a mi lado y me pregunto con voz entusiasta, como la de los padres que se angustian por sus hijos y tratan a toda costa de dar oxígeno al ambiente. ¿Por qué no pones ese programa que anunciaron de los osos en el ártico? Me pareció una tontería pero no le di importancia, así que cogí el mando y puse el dichoso programa que ya estaba empezando.  “Los osos blancos del Polo Norte son animales que han evolucionado de forma espectacular” decían en la tele. Los osos del Ártico tienen la capacidad de HACER y también la capacidad de SER, y es que pasan cerca de la mitad de sus vidas en un proceso conocido como hibernación, en el cual podría decirse que apagan todo su sistema para ahorrar energía en los tiempos del crudo invierno, dejando solo activas la función del corazón para la permanencia de sus vidas y un sistema muy especial que pueden detectar un peligro o amenaza mientras hibernan. Los  osos saben disfrutar a plenitud de la primavera de sus vidas, pero también de la calma y el sosiego que trae para ellos el duro invierno. (Decían en la tele) Jueputa. Dije en voz alta ante la mirada atónita de mi papá que ya imaginaran el susto que le pegue y la cara de plato plano que se le quedó. 

Me dijo: ¿Hijo te pasa algo?, le miré a los ojos y como hablándole en chino le dije. ¡El sueño! Queeeeé ¿De qué me hablas?, pregunto. Le dije, nada nada, y salí casi corriendo a mi cuarto preguntándome porque había tenido tal reacción tan inesperada mientras trataba de integrar esto del sueño con el programa de televisión. Yo le pedí a mi mente que me explicara o me diera alguna señal para entender ese extraño sueño. ¿Lo recuerdas?, por eso mi reacción que luego comprendí. Me sonó el celular y era Juan, un amigo del instituto al que no veía desde hacía ya varios días debido al encierro. Juan me llamo a preguntarme si antes de salir del colegio yo había puesto nutrientes a la semilla que nos habían puesto a plantar en la clase de botánica, me dijo que había hablado con la profe y que ella dijo que las semillas debieron florecer todas si habíamos puesto los nutrientes correctamente, también me dijo que la profesora  mandaba a decir que le importaba un pepino el encierro, que a nuestro regreso a clases ella calificaría la tarea por que la planta debía estar verde y vigorosa y que nuestro encierro no significaba nada para dicha planta si habíamos dejado todo en orden. Yo le dije a Juan que por mi parte estaba tranquilo porque yo había dejado el goteo y el abono preparados en la semilla y que posiblemente mi planta estaría hermosa para cuando volviéramos al colegio. Colgué el teléfono y me recosté un momento. 

¿En qué iba? Ah en el sueño y el Oso, es verdad. “JUEPUTA” Otra vez, ahora tenía la cabeza enloquecida, pues tenía el sueño, el oso y la planta en la cabeza. Tome aire lentamente para sentirme más tranquilo y no angustiarme, pues algo me decía que me estaba enredando la cabeza, pero también que debía estar atento. Me quede otra vez dormido y ¿Adivinen que me paso? De verdad, que estoy chalado. Esta vez me soñé que era un oso gigante, blanco y hermoso que había nacido de la semilla chiquitica que YO planté, aboné y deje sola en el colegio en donde me enseñaron a sembrar porque me toco estar encerrado. Fue un sueño muy corto, yo diría que de unos 20 minutos por que recuerdo que en la sala mi Papá seguía con el programa de los osos, y que por cierto lo deje mirando solo. Esta vez fue diferente, me desperté como en una nube de tranquilidad, algo muy raro, me sentí como más cómodo y como si yo hubiese crecido inmensamente por dentro de mí, como si el oso fuera real y estaba ahí, latiendo en mi ser, por un momento me sentí super alegre y tranquilo. Me senté en el borde de mi cama en silencio sin querer perder esa sensación tan agradable.

Mientras estaba sentado en la cama, me pregunté ¿Por qué estaba tan placido y alegre en ese momento justo después de ese segundo sueño, si hacia un par de horas estaba que no me aguantaba en el encierro y todo me desesperaba? Justo en ese momento, mientras me hacia esa pregunta, pude escuchar a mi madre llamar a  mi hermanito, y también escuche sus gritos usuales que decían, ya voy Mamá; escuche el mismo grito de mi hermano pero con menos agudez en su voz, como si le hubieran bajado el volumen que antes me ensordecía, Salí del cuarto y me senté al lado de mi padre, él me puso su mano sobre mi pierna derecha y me miro con cara de angustia y sorpresa, con una cara de querer preguntar algo pero de no saber cómo preguntármelo. Sentí en ese instante un fuerte impulso de abrazarlo y así lo hice, le miré a los ojos y le dije “viejito te amo” y le di un beso en la frente.  Eso lo dejo como más sorprendido aún y sin quitarme la mirada de los ojos y sin apenas mover un musculo, se atrevió a hacerme la dichosa pregunta. 

¿Hijo, te has fumado algo?  Jajajaja me dio mucha risa. Frunció el ceño, haciéndome percatar de la seriedad del tema. Continuó. De verdad hijo, esta mañana te paraste de la silla diciendo Jueputa como dándote igual y saliste corriendo a tu cuarto a encerrarte, y ahora me sales con una cara rozagante de haber dormido 20 horas y me dices que me amas y me das un beso en la frente. En ese momento pude notar como se iban entrelazando mis sueños con los diferentes momentos vividos atrás.

Le conteste a mi padre. Papá, no te preocupes, me paso algo muy extraño que aún no logro comprender pero en cuanto lo sepa te lo comparto.  Todo se detuvo en ese momento y me dirigí a la cocina en donde se encontraba mi madre terminando de dar un trozo de la dichosa torta con un vaso de leche a mi hermano. Me preguntó, hijo: ¿quieres un poco de torta con leche? Obvio si mami, jaja me senté en la mesa y mientras saboreaba de una manera muy especial esa torta, pensaba en lo acontecido, la torta tenía algo diferente, podía sentir a diferencia de los días anteriores en que supuestamente estaba más fresca, su textura, su sabor a vainilla, también podía sentir como se me pegaba en los labios algo del caramelo que le recubría los bordes, lo sentía todo y con una intensidad deliciosa, cerraba los ojos y sentía trozo a trozo mientras bajaba por mi garganta con esa leche fresca y espumosa servida por mi mamá. Púm (manotazo en la mesa). Abro los ojos y me encuentro con el rostro enojado de mi mamá a pocos centímetros de mi cara, el entrecejo bien marcado por el enfado, la respiración caliente de ella sobre mi cara y alguna que otra espinilla en su frente. 

Estas fumando esas cosas. A tu papa lo engañas, pero a mi no. Cuénteme, ¿qué le pasa señor? “me dijo” yo tome nuevamente aire y en una forma que jamás imaginé que me comportaría le dije: Mamá he tenido una revelación. Se quedo mirándome con cara de pollo estrangulado y se sentó en el comedor mientras mandaba a mi hermano a lavarse los dientes.  A ver, cuente que es esa revelación que lo tiene tan raro. Mi papá se levantó del sillón y de inmediato se sentón en ese pequeño comedor que está en la cocina haciendo que mi confesión pasara en cuestión de segundos a tema familiar.  En ese momento algo me dijo que no era tan relevante describir los hechos como lo aprendido, y que mejor sería dejar fluir mis deseos de decir lo que sentía sin continuar con mi discusión interna de querer restar importancia a tan bella revelación. Papá, mamá. He muerto. Pero acá estoy de nuevo, vivo entre ustedes.  Mi mamá miro a mi papá, y después de un silencio profundo dijo: ¡viejo!, este muchacho esta fumado.  Mi papa empezó a llorar mientras me preguntaba. ¿Mijo, en donde aprendió esas cosas?  

 

Mamá y papá, empezaron lo que parecía una discusión en frente mío buscando culpas, pero sin percatarse de mi presencia. Mamá, papá estoy aquí.  Guardaron silencio y se quedaron mirándome. De pronto no me supe expresar, pero por favor estén tranquilos porque no fumo ninguna de esas cosas que ustedes se imaginan, además ya tenemos casi un mes de encierro y no salgo a la calle, así que les pido un poco de lógica y también que se dispongan a escucharme si de verdad quieren entender que me sucede. Les quiero decir que por unos momentos me sentí bastante angustiado debido al encierro, nunca había pasado tanto tiempo con ustedes y mi hermano juntos, yo no sabía que mi papá se afeitaba la barba en el patío al aire libre y tampoco sabía que mi mamá se sentaba en las mañanas a rezar, porque sencillamente esas son cosas que pude descubrir estando las veinticuatro horas del día con ustedes.  He sentido angustia o mejor dicho sentía porque esta mañana tuve un sueño que me angustio mucho y me pasaron otras cosas queeeeé, bueno, ustedes no entenderían. Lo que, si les diré es que me siento feliz en este momento, Debemos estar tranquilos y felices. Somos personas que vivimos en una generación y tiempo especial que nos diferencia de todas las otras generaciones de humanos que han pasado por este planeta. He descubierto que las plantas se hacen hermosas después de pasar un tiempo en la oscuridad, nutriéndose interiormente para después salir a la luz y mostrar sus hojas verdes, he descubierto que las plantas inician en una semilla que debe ser nutrida y que empieza a crecer hacia abajo, “hacia adentro”, para desarrollar unas raíces que le den firmeza, y poder en un futuro ofrecer sus frutos a quien los requiera, a veces me levantaba en las mañanas sin dar gracias por un día más de vida en el que puedo compartir con ustedes o simplemente observar dentro de mí, dentro de mis deseos, dentro de mis venas, y me perdía la oportunidad de disfrutar de mi presencia, he descubierto que mientras que me llenaba de tedio por el encierro, los osos polares escogen estar encerrados para mantener sus energías y mantenerse vivos durante las frías épocas de invierno en el polo norte, me he quedado sorprendido de como un oso que es un animal y no un ser humano como nosotros que razonamos, puede distinguir entre los tiempos que son para hacer cosas como cazar, caminar, bañarse, disfrutar del sol, procrear, revolcarse con sus oseznos y también sabe que tiene un tiempo específico para ser.

 

¿Qué tal si en lugar de estar esforzándonos por adivinar noticias de gente más confundida que todos, nos dedicamos, así como el oso, a SER? El oso tiene tiempo de HACER y tiempo de SER y nosotros podríamos aprender de eso. Por eso es que cuando desperté de mi sueño comprendí que hoy y solo hoy es un día mágico, porque puedo estar con ustedes dos que son mis papas y con mi hermano las veinticuatro horas y eso no lo tenía antes, por eso mi beso y mi abrazo papi, por eso me quede como atontado disfrutando de mi pedazo de torta que era mío especialmente reservado y servido por ti mamita, a la que también amo porque eres esa que me regaña para que no me coma la torta completa en una sentada y nos permites disfrutar de un pedacito a mí y a mi hermano por quince días.  ¿Y qué tal si nos atontamos todos papi? Sería una buena idea tratar de SER, tratar de escucharnos más atentamente y en nuestro nido, nuestra madriguera, conocernos más, disfrutarnos más, sentir los nutrientes como lo hace la semilla antes de nacer y en lugar de buscar culpables por un virus que a la final podría ser una bendición, dedicarnos a ser mejores personas, a tener esas conversaciones pendientes, a estar más presentes y disfrutar de cada instante bueno o no tan bueno, o comprender que gracias al covid 19 estamos juntos, más unidos que nunca, más austeros que nunca, con calor de amor propio, con expectativas para ser mejores personas y miles de anécdotas que compartir con  nuestros hijos y nietos. Papás. Los amo mucho y aunque no estoy fumado, si estoy feliz de esto que me está sucediendo y que tampoco quiero ponerme a buscarle explicaciones, pues la vida es una sola y se va en cualquier momento. En la noche de ayer soñé que estaba preso, encerrado en un lugar muy frio y solo y sabia en el sueño que ese lugar era este, mi casa, y en la tarde de este mismo día soñé que estaba en un lugar maravilloso, que había estado sembrado y no enterrado, que me estaba formando por dentro, que era una semilla que crecía despacio pero con fuertes convicciones abonadas por ustedes y mis profesores, soñé que crecía y que de esa semilla salía un oso gigante, hermoso, blanco lleno de sabiduría que sabía entender los tiempos de HACER y de SER, también desperté de ese sueño con la absoluta seguridad de que quiero ser ese oso y de que es ahora mi momento de SER esa semilla.

En la noche soñé que estaba en un lugar horrible pero sabía que era mi casa, en la tarde soñé que estaba en un lugar maravilloso y era también mi casa por lo que concluyo que soy yo quien escojo los colores de mi casa y nadie más, ustedes son mis padres y los amo, les pido perdón por los momentos en los que yo no era consciente de tantas cosas y actuaba como ciego, gracias por permitirme narrarles cómo se dio el inicio de mi despertar. Los amo. La mamá… Hijo, pero seguro que no estas fumao…jaja

 

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