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El veganismo también mata a los animales

Los consumidores de vegetales son los principales promotores del exterminio animal, los omnívoros se defienden.

Hasta hace unos años nadie hablaba de vegetarianismo y menos de veganismo y la dieta del ser humano consistía básicamente en comerse lo que se moviera, no oliera tan mal y no tuviera colores fluorescentes que probablemente nos advirtieran que nuestro alimento y o presa fuera venenoso. Los tiempos han cambiado, el mundo también y con ellos nosotros como especie y hemos desarrollado filosofías que reflejan nuestra conciencia por nuestro entorno y el respeto por la vida.

Dentro de dichas filosofías se encuentran el vegetarianismo y una de sus formas más famosas y a  la moda, el veganismo. Los primeros no ingieren ningún tipo de carne o pescado, este régimen también obedece a una forma de vida ética que rechaza otras formas de utilización de los animales para producir bienes de consumo o para la diversión humana, esta última frase es una de las más crueles que he escuchado.

Los segundos, llamados también vegetarianos estrictos, adicionalmente, no consumen ningún tipo de producto derivado de los animales, como huevo, leche, queso, miel, entre otros.

Teniendo claridad en los términos anteriores podemos ver cómo ha cambiado la humanidad, cómo hemos evolucionado y en ocasiones involucionado y lo más importante cómo hemos convivido con nuestro entorno natural y cómo, quiero pensar, nos estamos volviendo un poco más conscientes de él aunque esto nos haya sumergido en una nueva guerra, tan famosa como la de los Mil Días, las mundiales, o la de los sexos.

Hoy en día profesar ser algo nos ha convertido en militantes de dicha causa y la poca tolerancia y la falta de abrir la mente realmente y no solo decir que la tenemos abierta nos confronta con opiniones, cultos, credos y sorprendentemente hasta gustos sexuales. La falta de tolerancia nos agrupa, separa y enfrenta. Los veganos en contra de los vegetarianos, los veganos y vegetarianos en contra de los ambientalistas, que por cierto, sostienen abiertamente y sin sarcasmo que el vegetarianismo y el veganismo también matan animales.

 

“Entre veganos, vegetarianos, omnívoros y sádicos, debo decir que todos somos crueles.”

Su tesis sustenta que la aparición de estos, para ellos movimientos, han hecho que se desplacen grandes extensiones de territorios naturales, antes habitados por los animales, para cultivar, y dichos cultivadores son los enemigos más acérrimos de los animales que quieren alimentarse de los cultivos o los quieren habitar, los consideran plagas y la crueldad en su exterminio es similar o incluso mayor al trato que se le da a los animales de consumo. En ese punto también aparece en escena la ultra derecha alimenticia, los omnívoros, quienes sostienen que no es posible tener una vida saludable sin el consumo de proteína animal y que estos animales y sus productos derivados están diseñados en la cadena alimenticia para garantizar la subsistencia de la especie superior, la humana, incluso algunos afirman que nuestra evolución obedeció a la ingesta de esta proteína. Los amantes de la tauromaquia, de las peleas de perros y gallos, los que montan carrosa en Central Park, los amantes de las pieles en invierno y de los desfiles de pieles en La semana de la moda de Nueva York, los diseñadores de carteras, zapatos y correas de piel original, los cazadores, los coleccionistas de especies exóticas, los que tienen acuarios, los que disfrutan de los circos con animales, los que van  a los zoológicos, nadan con delfines y tiburones e incluso los que visten a sus mascotas y hasta les celebran los cumpleaños, pues para los que no sabían estas prácticas también están catalogadas como maltrato animal y me atrevo a decir que hasta los que usamos animal print en nuestros atuendos aunque sea de piel sintética, también pertenecemos a este grupo.

Esta guerra de bandos, pensamientos, credos, creencias, se vive día a día en redes sociales, en plazas públicas, en desfiles de moda, en el corazón de Manhattan, en Latinoamérica, en Westchester, en McDonald´s y en todo el mundo. Pues el ser humano es una especié dotada del don de la razón, pero lamentablemente aún no se ha entrenado en su uso.

Los pensamientos son cuestión de lógica y ética y es loable que algunos seres humanos como los veganos sean conscientes del respeto por la vida y por nuestro entorno, aunque esto no los convierta en seres superiores o salvadores de la tierra, como algunos afirman. No vamos a salvar el mundo creyéndonos mejores que otros.

Como especie dominante, no en el mundo, sino en el universo, hasta que se demuestre lo contrario y creo que eso será muy pronto, debemos garantizar nuestra supervivencia, pero no podemos hacerlo a costa de la de nuestro entorno. Diría yo, que debemos trabajar primero en nuestro ego.

Discutimos y nos matamos sin darnos cuenta de que en esta guerra de especies el ser humano es el mayor depredador de la naturaleza, somos los conquistadores de mundos que vemos en las películas, somos un depredador cruel, insaciable, e insostenible, porque no solo estamos y hemos acabado con las especies, sino que además nos atacamos entre nosotros mismos y cabe aclarar que no es por supervivencia, es por mera ambición.

Entre veganos, vegetarianos, omnívoros y sádicos, debo decir que todos somos crueles. Que todos los movimientos, pensamientos y credos son fatales cuando se vuelven fanatismo, y creemos que nuestro credo nos pone por encima de los que no lo profesan, que los animales seguirán muriendo en nuestras manos y que como muestra Hollywood tendremos que emigrar a otro planeta que podamos depredar. Que el respeto por los animales debe ser el mismo que debemos tener por nuestra especie, que la vida no es un regalo que nos fue dado para timarla y que nuestro ego no puede ser superior al amor con el que fuimos creados.

Que hasta que no entendamos que vivir es una danza armónica entre los suspiros que emitimos del alma con el vibrar de las especies que nos rodean, con el roció en las mañanas de las plantas que fabrican nuestro oxígeno, la fidelidad de nuestro perro y la belleza de contemplar las especies salvajes sin dañarlas, no vamos a sobrevivir. Sobrevivir no es atacar, es armonía. No podemos devorar el mundo que nos alberga y a las especies que nos acompañan sin piedad.

Es inevitable preguntarme con esta era digital en la cual lo importante no es ser exitoso, o bondadoso, sino parecerlo en redes ¿quiénes son los verdaderos animales? Y dejar en el que me lea una premisa, profesar un credo por convicción y no por ambición y reconocimiento. Podemos salvarnos y redimirnos con buenas acciones, los veganos sinceros, tolerantes, no tramposos, ni mentirosos van por buen camino. Generar conciencia no es cuestión de moda, ni configura una lucha por el poder de la verdad absoluta o por el título de quién es mejor ser humano.

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