El sabor Amargo de la Yerba Mate y el Trabajo Infantil

 El sabor Amargo de la Yerba Mate y el Trabajo Infantil

Desde el año 2016 se encuentra a disposición de quien quiera un documental sobre la producción yerbatera que conmueve al mundo denominado “Me gusta el mate sin trabajo infantil”, realizado por Posibl y respaldado por Change para mostrar la cruda realidad de los yerbales; ya lo vieron 60 millones de personas y, en paralelo, avanza una petición para poner fin a esta práctica del nordeste argentino.

Argentina es uno de los países de latinoamérica que forma parte del grupo de naciones con un alto desarrollo humano. En materia de educación posee elevadas tasas de matrícula en instrucción secundaria y terciaria y debido a su importancia geopolítica y económica, es uno de los tres estados soberanos latinoamericanos que forma parte del denominado Grupo de los 20 e integra además el grupo de los nuevos países industrializados.

Sin embargo, en pleno siglo XXI, Argentina es uno de los países que sufre el flagelo del trabajo infantil; una triste realidad que viene siendo denunciada por Patricia Ocampo, fundadora de la ONG “Un sueño para Misiones”.

La lucha de Patricia comenzó en el año 2013 con la desgarradora historia de la muerte de un niño “tarefero”, nombre que recibe quien trabaja en la cosecha de la yerba mate. Fernando, tenía tan solo 13 años cuando murió trágicamente cuando iba rumbo al yerbal para trabajar en la “tarefa”.

Misiones es una de las veintitrés provincias que componen la República Argentina. Está ubicada al noreste del país, en la región del Norte Grande Argentino limitando al norte y este con Brasil y al oeste con Paraguay. Este estado provincial llegó a tener gran parte de la casi desaparecida selva paranaense, un reservorio de flora y fauna único en el planeta. Todavía mantiene el esplendor de Las cataratas del Iguazú, recientemente declarada una de las siete maravillas naturales del mundo y localizada dentro del Parque Nacional Iguazú con 275 saltos de hasta 70 m de altura alimentadas por el caudal del río Iguazú. Un lugar de gran belleza que lo hace único en el corazón de Sudamérica.

Pero la historia de esta provincia está marcada por desigualdades, injusticias y sufrimiento de todo tipo que protagonizaron los mensúes, hombres que trabajaban casi como esclavos en las plantaciones de yerba mate a finales del siglo XIX.

El tiempo pasó y las dolorosas historias cayeron en el olvido…,  las empresas yerbateras crecieron y hoy a comienzos del siglo XXI la yerba mate se convirtió en la bebida nacional de los argentinos, una costumbre popular, pero con sabor amargo de fondo.

Un dato desgarrador que difunde la ONG dice que el 90 por ciento de la yerba mate que se consume en la Argentina y el 60 por ciento de la que se puede adquirir en el exterior se cultivan en Misiones con trabajo infantil. El 16 por ciento de los menores, hijos de tareferos, nunca concurrió a la escuela y se dedica al trabajo rural para ayudar a sus familias. En ese contexto, el 80 por ciento de esas familias usa letrinas y casi el 50 por ciento no tiene agua potable.

Pero, ¿quienes son los responsables? La respuesta no es simple. La trama socioeconómica de esa zona del país es muy compleja. Tal vez, el comienzo de una posible solución sea la difusión masiva y la toma de conciencia que motive la acción, y es en ésta dirección que Ocampo y su grupo de colaboradores de la ONG que lidera vienen trabajando.

Patricia Ocampo afirmó que para entender esta injusticia sostenida en el tiempo fueron necesarios tres actores; a) un grupo empobrecido y sin oportunidades; b) un grupo de personas que deshumanizó al trabajador tarefero y c) el grupo de personas que permanecen impávidas a la situación.

También sostuvo la activista social que: “El trabajo en el campo involucra el uso de agrotóxicos, herramientas filosas, temperaturas extremas, ausencia de sanitarios, falta de ropa adecuada. No se me ocurre llamarlo de otra forma que “violento”. Este sistema de producción abusa, explota y esclaviza a los padres y por transición, hace lo mismo con los niños. Una situación que se mantiene sin cambios desde hace más de 100 años”.

Por: Judit Vitores-Sypher

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