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Decir "no quiero" sin sentir que estoy fallando

Los últimos tiempos han sido difíciles para mí, pero, después de todo, creo haber aprendido algo muy importante para mí y que me ha hecho sentir más a gusto conmigo misma. Ahora sé cómo decir que no.

Creo que llegué al momento en que todo me “vale”, sin darme cuenta de cuándo ni cómo sucedió. Cómo  muchas de mis contemporáneas, mi vida es lo más parecido a la de la mujer maravilla, por eso no hay tiempo para deprimirme por las arrugas o las canas.

 

Vivo pendiente de mis hijos adolescentes, sus necesidades, de mi mamá, que necesita atención y el trabajo por no mencionar otras actividades. Aunque uno se siente agotado sigue intentando cumplir con todo, muchas veces a expensas de los seres queridos. Soy una de esas personas,  que me  he pasado la vida tratando de ser la mejor madre, de ser buena hija, y fuera de eso ser la mejor profesional. Y, en lugar de sentirme feliz por los logros, por conseguir las metas que me he propuesto, sigo haciendo interminables listas de lo que me falta por hacer y deberes pendientes. Siempre he tratado de anteponer  mis familiares y a mis amigos antes que a mí mismo y a mi felicidad. Esto, en algunas ocasiones, puede ser indispensable. Pero te aseguro, por experiencia propia, que es imposible cumplir con todo.

 

Me explico. Hace unos meses, una amiga, rompió con su pareja. Llevaba años con él, habían tenido un niño incluso. En ese momento lo estaba pasando muy mal y, como es evidente, traté de ayudarle lo mejor que pude. Al principio fui yo la que le invitaba a salir y a hacer planes. Sin embargo, con el paso del tiempo, cada vez notaba que se estaba haciendo más dueña de mi tiempo y que me exigía cierta exclusividad, lo que me llevó a tener problemas con mi familia. El problema es que, al tratar de declinar cualquier plan, me sentía terriblemente culpable al pensar que la estaba dejando tirada y que sin mí se iba a quedar en casa y a deprimirse más. ¿El resultado? Era infeliz por hacer lo que realmente quería hacer.

 

Conozco bien esa sensación de ansiedad que sentía al declinar cualquier invitación. Pero aprendí a marcar unos límites y a pensar en mí. Si yo estaba feliz con mi conducta, nadie tendría el derecho a juzgarme. Es más, ella debía comprender mi necesidad de estar con mi familia. Desde ese momento, siempre tengo en mi cabeza una frase: “a veces es imposible hacer o ser lo que realmente quiero, pero sí puedo evitar hacer o ser lo que de verdad no quiero”. Desde el momento en el que comprendí que me resultaba imposible cumplir con todo y aprendí a decir que no, me siento mucho mejor y soy más feliz conmigo misma.

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